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Urge controlar los protocolos en el transporte público

El transporte público se ha convertido en una fuente de preocupación para los usuarios.

Desde hace un mes, cuando comenzaron las clases, los colectivos tienen más pasajeros y en los horarios pico es muy difícil respetar la distancia social que se recomienda para evitar la transmisión de coronavirus. En plena segunda ola de contagios, el temor llega acompañado de la indignación que provoca en los pasajeros la disminución de los servicios debido a las medidas de fuerza que llevan adelante los choferes en estos días. Asimismo, resulta contradictorio que mientras el gobierno restringe algunas actividades para evitar aglomeraciones, no toma cartas en el asunto para ordenar los viajes urbanos e interurbanos, uno de los espacios donde más se amontonan personas.

En un recorrido que realizó LA GACETA esta semana en distintas líneas de colectivos, comprobó que muchos viajes se realizan en condiciones de riesgo. Los ómnibus llevan más gente que la que corresponde por la pandemia e incluso en algunas unidades se ven pasajeros sin barbijo. Y en varias paradas del centro los usuarios hacen largas colas para esperar el micro sin respetar la distancia.

Los pasajeros denunciaron que muchas líneas no aumentaron su frecuencia pese a que, a diferencia de 2020, este año sí se suben a los colectivos los alumnos y sus familiares, más el personal docente y no docente. Además, ya están afligidos porque en pocos días bajarán las temperaturas y la gente empieza a cerrar las ventanas para no pasar frío, cuando lo que se recomienda es viajar ventilados. Se sabe que el riesgo de la transmisión de la enfermedad aumenta en un ambiente cerrado que tenga poca o nula circulación de aire.

Aunque los empresarios del transporte automotor de Tucumán aseguraron que sí han incrementado los servicios para evitar aglomeraciones y que aplican todos los protocolos de bioseguridad, en los viajes no se ven los resultados de esos esfuerzos que según ellos están haciendo para mejorar pese a la gran crisis económica que atraviesan. Por la pandemia, en 2020 la caída de los boletos fue del 75%. Como hubo retrasos en los sueldos de los choferes, el año pasado hubo más de 60 días de paro de colectivos. Y este año, el conflicto sigue.

El problema de fondo es que se sigue poniendo en riesgo la salud de miles de personas que no tienen más opción que trasladarse en colectivo a trabajar o a estudiar. Tal vez sea imposible encontrar algún espacio que sea 100% libre de virus. Sin embargo, numerosos estudios señalan que si se respetan las medidas sanitarias también los transportes pueden ser sitios de bajo riesgo de contagio. Para ello, deben controlarse que todos usen tapaboca, que haya desinfecciones y que las unidades estén ventiladas. Además, que los pasajeros estén a un metro de distancia y que no viajen amontonados.

En los recorridos realizados por nuestro diario no se vio a ningún inspector verificando que se cumplan las medidas de seguridad sanitaria dentro de los colectivos. Y hay otro dato: según el protocolo que la Municipalidad capitalina publicó apenas comenzó la pandemia, los micros deben circular únicamente con personas sentadas, algo que pocas veces se cumple en los horarios pico.

Todos tienen un papel fundamental: los empresarios, los choferes, las autoridades del Gobierno y también los usuarios, que tienen que cumplir con su responsabilidad de viajar con tapaboca. Sin controles en los colectivos para que mejore el servicio y se cumplan los protocolos, no solo se multiplicarán los contagios, también permanecerá el temor de los pasajeros. Un miedo que conviene superar para no caer en una sobreutilización del auto particular y de la moto, situación que terminará afectando a la larga el ya congestionado tránsito de la ciudad y la seguridad vial.

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